martes, 27 de noviembre de 2012

Reflexión Semanal წ

 Tengo dos maneras principales de descubrir las áreas o las normas de conducta en las que no quisiera verme a mi misma (otra vez).

La primera es cerciorándome de las cualidades en otros que como ser humano me pueden llegar a irritar. 

La segunda es haciendo observación detenida de los comentarios que recibo (en lo cotidiano, en general), que me provocan o me ponen a la defensiva.

Para descubrir lo que me irrita, me dedico minuciosamente a revisar 
mis más recientes encuentros, pero a veces, debo admitir, que tengo una gran dificultad 
de saber cuándo estoy a la defensiva.

Puedo en algunas ocasiones identificar este último dato, mediante el siguiente síndrome: 
contestando rápidamente a esa provocación.



Es entonces cuando siento una intensa necesidad de decir más de lo que debo. 
Cuidado, arma de doble filo altamente peligrosa... incluso letal.

Luego, cuando las aguas están en calma, me doy cuenta: sí, estaba a la defensiva!

He aprendido que debo tratar de estar en calma y de analizar las circustancias y acontecimientos, antes de responder brusca y deliberadamente a cualquier provocación, sea ésta intencional o no.




También ahora que sé que cuando critico a otros, 
veo a la vez mis propias faltas, mis puntos débiles, lo que puedo mejorar; 
y trato de ser honesta y específica en mis críticas.

Siempre es importante aprender
 dónde se encuentra la línea separatoria entre lo crítico y lo burlesco.

Entre lo aconsejable y lo impuesto.

Entre lo que me irrita permanentemente,
o sólo ese día en el que las cosas no van como espero
y que estoy de mal humor.

Entre lo que yo quisiera que el mundo fuera,
y lo que realmente es.




Una crítica bien dirigida y humildemente recibida
es un paso más firme y certero hacia la divinidad.

웃 유 Feliz martes 웃 유